Javier Gavilanes Hernández: “La Agenda 2030 no mira a las personas por lo que les falta, sino por lo que son”
Jefe de la asistencia técnica internacional de ADELANTE 2.
"Agenda 2030 para el desarrollo sostenible"
Jefe de la asistencia técnica internacional de ADELANTE 2 (www.adelante2.eu), un programa regional de la Unión Europea / Dirección General de Asociaciones Internacionales para el fomento de la Cooperación Triangular entre Europa y América Latina y el Caribe.

Agenda 2030 para el desarrollo sostenible.
Javier Gavilanes Hernández formó parte del equipo que preparó la presentación de España al Examen Nacional Voluntario de Naciones Unidas sobre la implementación de la Agenda 2030 (2017-2018) y, paralelamente, inició la elaboración del Plan de Acción para su instauración en España.
No fue casualidad que su exposición iniciara con un recorrido histórico sobre el concepto de desarrollo y la evolución de las metas globales de Naciones Unidas en este marco. Un viaje necesario para comprender el punto en el que nos encontramos en la actualidad.
Integrando el factor humano
Originalmente, la teoría del desarrollo tenía una concepción economicista, en la que el progreso se entendía como la ampliación progresiva de las capacidades productivas de un país.
En contraste, hoy en día el enfoque ha cambiado. Se concibe el desarrollo como un proceso que amplía la libertad efectiva de las personas y, por tanto, consolida sus derechos. Así lo refleja el premiado con un Nobel, Amartya Sen en su libro “Desarrollo como libertad”, que plantea el concepto como la senda de progreso en la que transitan todas las naciones del mundo y no como un estadio al que acceden tan solo unos pocos países privilegiados.
De la Cumbre del Milenio a la Agenda de desarrollo sostenible
En este contexto, la Declaración del Milenio (2000) y la adopción de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) en 2001 fueron iniciativas pioneras en su tiempo. Se trató de un primer esfuerzo a gran escala de los países por establecer metas comunes y rendir cuentas en materia de desarrollo.
Los ODM fijaron 8 objetivos, 21 metas y 60 indicadores, pero con una debilidad estructural: su enfoque en la pobreza más que en el desarrollo. En paralelo, surgieron foros y conferencias internacionales de las que, en 2015 (Addis Abeba), se consiguió acordar un presupuesto para la Agenda 2030 que conocemos.
También cabe destacar que la Declaración de París (2005), fruto del II Foro de Alto Nivel sobre Eficacia de la Ayuda, marcó un punto de inflexión. Por primera vez, donantes y receptores acordaron compromisos mutuos y una corresponsabilidad en su cumplimiento.
En 2012, por otro lado, la Cumbre Río+20 presentó avances en los ODM, pero también dejó en evidencia la falta de progreso global, especialmente en los países del Sur. Esto llevó a la redefinición del concepto de Desarrollo Humano Sostenible como eje central del debate.
Por su parte, España tuvo un rol activo en este proceso. No solo formó parte del Grupo de Trabajo Abierto sobre los Objetivos, sino que también lideró en 2013 la Consulta Global sobre hambre, seguridad alimentaria y nutrición junto con la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Programa Mundial de Alimentos (PMA), el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) y el Gobierno de Colombia. Además, en 2014, encabezó la Consulta Regional para América Latina sobre el papel del Sector Privado en el desarrollo sostenible, en colaboración con Global Compact, Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (UNIDO), el Programa De Las Naciones Unidas Para El Desarrollo (PNUD) y los gobiernos estadounidense y colombiano.
Un enfoque sistémico: Claves de lectura
La Agenda 2030 se configura como un ejercicio de construcción común en el que cada país se encuentra en un punto distinto de recorrido. Su carácter multidimensional del desarrollo, y de esfuerzos compartidos, radica en una visión de futuro ambiciosa y transformadora: un mundo sin pobreza, sin hambre, sin enfermedades ni privaciones, en el que todas las formas de vida puedan prosperar sin dejar a nadie atrás.
Finalmente, los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y sus 169 metas son mucho más que una hoja de ruta de Naciones Unidas, pertenecen a todos los países miembros que los aprobaron en la Asamblea General y cuya implementación es voluntaria y libre.
El tránsito de los ODM a los ODS es, en sí mismo, una lección de continuidad y evolución. La pregunta ahora es cómo ese marco de construcción común se traduce en acciones concretas para nuestras organizaciones y comunidades. La tarea, nuestra.
Juan José Sánchez
Comunicador y alumno de la decimocuarta edición del Curso de Experto en Sostenibilidad e Innovación Social

