Cecilia Dall´Acqua: Economía circular
Reciclar es necesario, pero no suficiente. Esta afirmación, que podría sonar provocadora, abrió el debate en la última sesión del CESIS dedicada a explorar qué significa realmente migrar de una economía lineal a una circular.

Reciclar es necesario, pero no suficiente. Esta afirmación, que podría sonar provocadora, abrió el debate en la última sesión del CESIS dedicada a explorar qué significa realmente migrar de una economía lineal a una circular. La conclusión fue clara: aunque reciclásemos todo lo que generamos, apenas alcanzaríamos a cerrar el 45 % de la brecha de circularidad global. El 55% restante exige estrategias más ambiciosas.
Así inició la nueva sesión Cecilia Dall’Acqua, Socia y responsable de estrategia de sostenibilidad de Deloitte Global Circular. Deloitte es partner académico del CESIS y esta es la tercera edición en la que el programa cuenta con la colaboración de docentes de la compañía.
La ponencia partió del modelo de la mariposa popularizado por la Fundación Ellen MacArthur. Esta aborda los ciclos biológicos y los ciclos técnicos como dos circuitos paralelos que deben operar de forma regenerativa. Pero más allá del diagrama conocido, el verdadero núcleo de la discusión se centró en cómo traslada una organización ese marco a su estrategia real.
Diseñar para cerrar el ciclo, no para abrir uno nuevo
La primera gran idea que estructuró la sesión es que la circularidad se gana o se pierde en la fase de diseño. Lo anterior implica que, si un producto no se concibe desde el inicio pensando en su reparación, desmontaje, reutilización o reciclaje, es casi imposible recuperar valor al final de su vida, por ejemplo: una camiseta con varios tejidos pegados, con apliques y acabados mixtos, difícilmente podrá desmantelarse para separar sus componentes.
Se presentaron cuatro grandes estrategias de circularidad que las organizaciones pueden activar según sus atributos y los de su mercado:
- Alargar la vida útil del producto.
- Utilizar materias primas renovables o recuperadas.
- Diseñar para que los materiales puedan circular dentro de ciclos técnicos o biológicos.
- Replantear el modelo de negocio para disociar el ingreso de la venta de producto.
Tal y como detalló Dall’ Acqua, estas estrategias no son excluyentes ni tienen un orden de prioridad universal: la clave está en elegir las que mejor encajan con la identidad de marca y la capacidad operativa de cada empresa. El reciclaje es el último recurso, no el primero. Previo a ello, se debe considerar la reutilización, la reparación y la remanufactura. Si no se puede realizar ninguna de las fases anteriores, entonces se procede con el reciclaje.
La jerarquía de las R: entender cuánto “tocas” el producto
Uno de los marcos más útiles que se trabajó en la sesión es la jerarquía de intervención sobre el producto, a menudo resumida como las “5R” o más. La diferencia entre estrategias además de contemplar su impacto ambiental, también tiene en cuenta la cantidad de manipulación que requieren. Reutilizar implica una mínima intervención, mientras que remanufacturar, requiere bastante más y reciclar supone transformar el material por completo. Dall’ Aqua lo ilustró con el modelo del coche eléctrico: si la batería falla, pero el vehículo está en buen estado, lo óptimo no es desechar el coche sino sustituir la batería y, a continuación, dar a esa batería una segunda vida en otro uso de almacenamiento estático, por ejemplo, antes de reciclar sus minerales.
Este razonamiento conecta directamente con la idea de mantener la propiedad de los materiales: si una empresa fabrica un producto con materiales críticos o de alto valor, ¿por qué vendérselo al cliente definitivamente y perder el control sobre esos materiales cuando lleguen al fin de su vida? Empresas del sector energético ya están explorando esta lógica con el cobre de sus redes: en lugar de venderlo como materia prima, mantenerlo bajo su gestión permite recuperar valor y reducir la dependencia de nuevas extracciones.
Marco de estrategias circulares
| # | Estrategia | Descripción |
| 1 | Alargar la vida útil | Durabilidad, reparabilidad y mantenimiento. Menos recursos consumidos por unidad de uso a lo largo del tiempo. |
| 2 | Inputs renovables o recuperados | Subproductos agrícolas, materiales reciclados postconsumidor, fibras recuperadas de otras cadenas. |
| 3 | Diseño para la recuperación | Desmontabilidad, monomateriales, facilidad de separación al final de la vida útil del producto. |
| 4 | Modelos de servicio y alquiler | Disociar el ingreso de la venta. Producto como servicio, alquiler, recompra o suscripción. |
El marco regulatorio europeo como habilitador
La Unión Europea considera la economía circular como uno de los principales habilitadores para alcanzar sus objetivos climáticos y de competitividad. El Plan de Acción de Economía Circular ha marcado seis sectores prioritarios: textil, construcción, electrónica, alimentación, envases y movilidad, y está desplegando regulaciones con una lógica común: empujar desde el diseño hacia la recuperación.
El Reglamento de Diseño Ecológico (Ecodesign for Sustainable Products Regulation), la directiva de envases, los requisitos de contenido reciclado en vehículos eléctricos o los requerimientos de desmontabilidad en construcción, responden todos a la misma arquitectura conceptual. La novedad más destacada en la conversación de la jornada versó sobre el pasaporte digital de producto, una herramienta de trazabilidad que permitirá saber de dónde vienen los materiales, cuántas veces han sido procesados y cómo deben gestionarse al final de su vida.
La discusión sobre la responsabilidad ampliada del productor y el debate en torno a la gestión de envases en España, con la llegada del sistema de depósito, devolución y retorno también puso sobre la mesa una pregunta recurrente: ¿quién tiene la responsabilidad de hacer posible el cambio, el consumidor o la empresa? El grupo coincidió en que si fue la industria la que introdujo los plásticos de un solo uso, esta deberá asumir la mayor responsabilidad, así como impulsar su mayor capacidad para revertir la situación.
Modelos de negocio: la circularidad como fuente de valor
Una de las partes más inspiradoras de la sesión fue la exploración de modelos de negocio circulares concretos. Desde el modelo de iluminación como servicio en el que la empresa no vende bombillas sino horas de luz, y mantiene la propiedad de todos los componentes; hasta el ejemplo de una lavandería industrial que se convirtió en propietaria de los textiles que gestiona para controlar su ciclo completo. En la mayoría de los casos, se evidenció que, en muchos sectores, mantener la propiedad del producto es más rentable que venderlo.
Durante la jornada, los grupos trabajaron propuestas propias en sectores como los residuos de placas solares, los envases de un solo uso en restauración o los electrodomésticos de segunda vida. En todos los casos se constató que la circularidad requiere rediseñar el producto y la logística inversa, propiciando incentivos al cliente, fomentando las alianzas en la cadena de valor y revisando el modelo de ingresos. Las personas participantes concluyeron que, además de ser un problema de ingeniería de materiales, es una cuestión de arquitectura de negocio.
Uno de los aspectos que generó mayor debate fue la necesidad de coaliciones. Ninguna empresa cierra el ciclo sola: necesita socios que recojan, que procesen, que certifiquen, que financien. El ejemplo de la industria del aluminio ligero, donde competidores directos construyeron una coalición para desarrollar infraestructura de reciclaje específica, mostró que incluso en mercados muy competitivos, la cooperación en la fase de fin de vida es racional porque beneficia al conjunto del sector.
Medir para avanzar: el reto de la circularidad cuantificada
Durante años, la economía circular careció de un estándar global para cuantificar el avance real de las organizaciones. Sin métrica común, los objetivos no pueden fijarse con rigor ni las inversiones justificarse ante los grupos de interés. La aparición de marcos como el Global Circularity Protocol abre la posibilidad de que las empresas definan su alcance de medición, elijan indicadores relevantes, tasas de recuperación de materiales, porcentaje de contenido reciclado, durabilidad estimada, materialización, y comuniquen su progreso de forma creíble.
La analogía con la contabilidad de emisiones de carbono fue recurrente: cuando las empresas empezaron a medir y reportar sus emisiones de forma estandarizada, los objetivos se volvieron ambiciosos y las iniciativas se multiplicaron.
La circularidad está en ese mismo punto de inflexión. La próxima gran transformación no será solo de materiales, sino de información: saber exactamente qué entra, qué sale y qué se puede recuperar en cada nodo de la cadena de valor.
Autora de la crónica: Beatriz Caseiro Blanco

