Begoña Morales: los derechos humanos entran en las agendas públicas y privadas

Socia fundadora de Conese -Desarrollo con sentido-
"Los derechos humanos entran en las agendas públicas y privadas"

Socia fundadora de Conese, firma espacializada en impulsar el Desarrollo Sostenible-Desarrollo con sentido- en empresas e instituciones. Exdirectora de la unidad de Soluciones para la Sostenibilidad de Indra y profesora asociada en IE Business School.

Los derechos humanos entran en las agendas públicas y privadas

La sesión de Begoña Morales giró en torno a una idea sencilla: hablar de sostenibilidad “con sentido”, entendiendo qué impactos reales genera una empresa (sociales y ambientales) y cómo gestionarlos con criterio, más allá de siglas y modas. El objetivo era salir con una caja de herramientas y, sobre todo, con más pensamiento crítico en cuanto a la información que llega a nuestras manos.

En un primer ejercicio hemos profundizado sobre una temática compleja como es la extracción del coltán. Se trata de un mineral esencial para la fabricación de dispositivos electrónicos y representa uno de los casos más paradigmáticos de vulneración de derechos humanos en las cadenas de valor globales.

Lo más revelador del caso no es solo la gravedad de las condiciones de trabajo, sino la desconexión entre el origen y el producto final planteándonos serios interrogantes sobre la efectividad de los sistemas internos de debida diligencia.

De la gestión del riesgo a la creación de valor

Aunque en muchas empresas el enfoque de derechos humanos sigue siendo fundamentalmente defensivo, la gestión adecuada de estos aspectos mejora sustancialmente la gestión del riesgo empresarial. Una debida diligencia efectiva permite anticipar conflictos con comunidades o sindicatos, reducir la exposición a litigios, atraer financiación sostenible, proteger la reputación y fortalecer la continuidad operativa y la cadena de suministro.

Pero más allá del enfoque defensivo, la gestión de derechos humanos puede ser un motor de innovación. Cuando se incorpora de forma estratégica, aparecen oportunidades para mejorar productos y servicios, rediseñar procesos, elevar estándares con proveedores y crear soluciones que incrementen el bienestar de las personas impactadas.

De «do no harm» a «do good»: la escalera de creación de valor

La gestión empresarial de los derechos humanos sigue una progresión natural de cuatro fases: se empieza cumpliendo por obligación regulatoria («lo hago porque me obligan»), se avanza hacia la gestión del riesgo o do no harm («lo hago para no perder»), donde evitar daños deja de ser filantropía y se convierte en lógica financiera, se escala hacia la competitividad estratégica («lo hago para ganar posición»), donde la trazabilidad y la responsabilidad se convierten en ventaja frente a inversores y mercados, y se culmina en la innovación sostenible o do good («lo hago para crear valor nuevo»), donde la sostenibilidad deja de ser un coste para convertirse en motor de negocio.

En este punto, hemos revisado el caso de Tesco y su tomate de marca blanca. El ejemplo mostró cómo un impacto en derechos humanos puede convertirse rápidamente en una crisis de negocio y, además, con una componente reputacional que ha tenido las siguientes consecuencias en cascada: retirada inmediata del producto, auditorías reforzadas, sanciones en Reino Unido bajo la Modern Slavery Act (2015) y el riesgo de quedar fuera del mercado europeo por futuras normas sobre trabajo forzoso.

La idea clave es que una debida diligencia previa, relativamente asumible, podría ayudar a reducir significativamente este tipo de efectos.

Más allá de la regulación: el papel de la sociedad civil

La presión no viene únicamente de los reguladores. La sociedad civil, a través de ONGs, sindicatos y movimientos ciudadanos, está jugando un papel fundamental en visibilizar casos de vulneración de derechos humanos y en exigir cambios concretos. En este punto, los canales de denuncia se han convertido en una herramienta esencial. A través d elos mismos podemos obtener información muy valiosa para la gestión de la empresa en distintos ámbitos. Por otro lado, los inversores institucionales también están ejerciendo presión. Un ejemplo son los fondos de pensiones, como el fondo soberano noruego, el cual está excluyendo de sus carteras a empresas que no cumplen con estándares mínimos en derechos humanos. La gestión responsable ya no es solo una cuestión ética, sino también financiera.

Debida diligencia: una cuestión de capacidad

Siguiendo con la invitación a la reflexión propuesta por Begoña, tratamos la  pregunta recurrente de si las empresas, especialmente las pequeñas y medianas, tienen capacidad real para llevar a cabo la debida diligencia hasta la materia prima. La respuesta es compleja: la directiva europea establece obligaciones diferenciadas según el tamaño de la empresa, reconociendo que no todas tienen los mismos recursos.

Sin embargo, la normativa también establece un principio clave: las empresas grandes tienen la responsabilidad de ayudar a su cadena de suministro a cumplir con estos estándares. No se trata de que cada pequeña empresa deba convertirse en experta en derechos humanos de forma aislada, sino de construir cadenas de valor más responsables mediante la colaboración.

En debida diligencia, un paso clave es mirar la cadena de valor con la pregunta “¿a quién puede afectar esto?”. A estos grupos se les suele llamar rightholders (titulares de derechos): personas cuyos derechos pueden verse vulnerados o afectados por la actividad de la empresa, desde quienes recolectan o procesan una materia prima hasta quienes la transportan o trabajan en proveedores.

Y, sobre todo, identificarlos no es un ejercicio “de despacho”, ya que para comprender bien los impactos y cómo gestionarlos conviene escuchar a las partes afectadas o a sus representantes.

La Guía de la OCDE sobre Debida Diligencia para una Conducta Empresarial Responsable ofrece un marco metodológico claro que puede adaptarse a empresas de diferentes tamaños. El proceso incluye seis pasos fundamentales:

– Incorporar la conducta empresarial responsable a las políticas y sistemas de gestión

– Identificar y evaluar los impactos negativos reales y potenciales

– Detener, prevenir y mitigar los impactos negativos

– Hacer un seguimiento de la implementación y los resultados

– Informar sobre cómo se abordan los impactos

– Reparar o colaborar en la reparación del impacto cuando corresponda

Priorización: qué analizar cuando no puedes analizarlo todo

Uno de los mayores desafíos es la priorización. Las cadenas de valor globales son complejas, con múltiples proveedores, subcontratistas y países involucrados. ¿Cómo decidir dónde centrar los esfuerzos?

El concepto de sospechas plausibles es fundamental. Si una empresa conoce, o debería conocer razonablemente, que existe riesgo de vulneración de derechos humanos en algún punto de su cadena, tiene la obligación de investigar. Esto no significa que deba auditar cada proveedor, pero sí que debe prestar especial atención a:

– Sectores de alto riesgo (minería, agricultura, textil)

– Países con historial documentado de vulneraciones

– Colectivos vulnerables (trabajadores migrantes, minorías étnicas, mujeres)

– Materias primas específicas asociadas a conflictos o explotación

El valor de la transparencia y el reconocimiento

Existe un miedo generalizado en las empresas a mostrar lo que está mal. Sin embargo, el enfoque correcto no es ocultar los problemas, sino reconocerlos y demostrar cómo se están abordando. Los stakeholders, inversores, consumidores, reguladores, valoran cada vez más la transparencia y la capacidad de las empresas para identificar, reconocer y corregir sus impactos negativos.

La debida diligencia trata de demostrar que la empresa tiene sistemas para identificar problemas y capacidad para actuar cuando los encuentra. Un informe que reconoce áreas de mejora y establece compromisos concretos es más creíble que uno que presenta una imagen idealizada.

Conclusión: Desarrollo con Sentido

La incorporación de los derechos humanos a la gestión empresarial es una evolución necesaria hacia un modelo de negocio que comprende el impacto real de sus operaciones y asume la responsabilidad de gestionarlo.

Como señalaba al inicio de la sesión, se trata de dar sentido a lo que hacemos, de entender que detrás de cada producto hay personas, y que las decisiones empresariales tienen consecuencias reales en vidas reales. El coltán que permite funcionar a nuestros smartphones fue extraído por alguien. El tomate de nuestra ensalada fue cultivado por alguien. Y ese alguien tiene derechos que merecen ser respetados.

La debida diligencia no es una carga, es una herramienta para construir empresas más resilientes, más innovadoras y, fundamentalmente, más justas. El camino puede ser complicado y las respuestas no siempre son claras, pero el primer paso es reconocer que tenemos la responsabilidad de buscarlo.

 

Beatriz Caseiro Blanco
Alumna de la decimoquinta edición del Curso de Experto en Sostenibilidad e Innovación Social